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Editorial Ciudad Sin Mar. jueves 8-3-2018.

Editorial Ciudad Sin Mar. jueves 8-3-2018.

Sociedad del cansancio.

Hay quienes dicen que hoy vivimos en una sociedad del cansancio y bajo esta idea la filosofía habló del “Prometeo Cansado”, el mito de Prometeo. Los filósofos en general suelen -cuando pretenden llegar un poco mas allá de sus ámbitos académicos y quieren ser tenidos en cuenta y  leídos por más gente- recurrir a los mitos,  a la literatura. Hacer que la cosa se entienda mejor y fluya para mayor cantidad de gente.  Será así que vamos a dedicarnos un buen tiempo, en estos primeros meses a un autor que se ha convertido en un objeto de lectura por diversos públicos: Byung Chul Ham.

Byung dice que el exceso de positividad está conduciendo a una sociedad, ésta  que vivimos, del cansancio. Así como la sociedad disciplinaria foucoltiana, producía criminales y locos, la sociedad que ha acuñado el slogan “yes we can”, produce individuos agotados fracasados y depresivos. El fracaso y la depresión son síntomas de este tiempo, de otra manera también lo dice Mark  Fisher en su libro “Realismo Capitalista”.

Según Byung, la resistencia solo es posible en relación con la coacción externa. La explotación a la que uno mismo se somete es mucho pero que la externa, ya que se ayuda del sentimiento de libertad. Creemos que somos libres y entregamos nuestro trabajo a la esclavitud. Esta forma de esclavitud, de alguna manera de explotación, resulta mucho más eficiente y productiva debido a que el individuo se decide  voluntariamente a explotarse así mismo. Hasta la extenuación, hasta caerse cansado, hasta no dormir, al lado de su pantalla o hasta internarse por adicto a las imágenes. Claro que hoy no carecemos, no hace falta un tirano, carecemos de ellos por suerte; o de un rey al que oponernos diciendo que no, ¿no?

En este sentido hay un trabajo de Indignados escrito por Stefan Hessel,  que ayuda a pensar un poco esto. Dice que el propio sistema hace desaparecer aquello a lo que uno podría enfrentarse. Resulta muy difícil  revelarse cuando víctima y verdugo, explotador y explotado son la misma persona; cada vez más complejo, cada vez es más difícil, plantear resistencia, no solo oponerse.

Byung Chul Ham, señala que la filosofía debería relajarse y convertirse en un juego productivo,  lo que daría lugar a resultados completamente nuevos; que los occidentales deberíamos abandonar conceptos como originalidad y genialidad y creación de la nada y buscar una mayor flexibilidad en el pensamiento. Todos nosotros deberíamos jugar más y trabajar menos, entonces, produciríamos más para nuestro pensamiento y no para el sistema.

¿O es acaso una coincidencia que los chinos, para quienes originalidad y genialidad sean conceptos desconocidos; sean los responsables de casi toda invención, desde la pasta y los fuegos artificiales, en la antigüedad y en la actualidad, que ha dejado todas las huellas en occidente?

Sin embargo estas utopías, para Byung Chul ham son utopías inalcanzables para una sociedad en la que todos los que estamos, incluso el ejecutivo mejor pago, trabaja como esclavo, aplazando indefinidamente el ocio.

El mito del Prometeo cansado puede reinterpretarse, considerándolo una escena del aparato psíquico del sujeto de rendimiento contemporáneo, que se violenta así mismo, que está en guerra consigo mismo.

En realidad el sujeto de rendimiento, que ya no es el sujeto de la sociedad disciplinaria -la fouculitiana-, que se cree en libertad; se halla tan encadenado como Prometeo.

El águila que devora su hígado en constante crecimiento, es su alter ego, con el cual está en guerra, así visto la relación de Prometeo y el águila, es una relación consigo mismo, una relación de auto explotación. Comerse el hígado para resurgir, el dolor del hígado que en si es indoloro, es el cansancio.

De esta manera Prometeo como sujeto de auto explotación, se vuelve presa de un cansancio infinito. Es la figura originaria de la sociedad del cansancio. Kafka emprende una re-interpretación interesante del mismo, en su relato de Prometeo: “Prometeo los dioses se cansaron, se cansaron las águilas, la herida se cerró de cansancio”

Tal vez Kafka se imagina aquí un cansancio curativo, un cansancio que no abre heridas; sino que las cierra,  la herida se cerró de cansancio. Así mismo el presente ensayo que nos presenta Byung Chul Ham, desemboca en la reflexión de un cansancio curativo. Tal cansancio no resulta de un rearme desenfrenado, si no de un amable desarme del yo.

Vamos todos juntos de las manos a desarmar cada uno de nuestros yo.

Omar Hefling.

Ciudad Sin Mar.

Muy buenos días.

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