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H.I.J.O.S. Córdoba “La víctima es el pueblo argentino”.

H.I.J.O.S. Córdoba “La víctima es el pueblo argentino”.

El 11 de diciembre de 2015 (un día después de la asunción de Mauricio Macri en el Ejecutivo nacional), La Nación titula su editorial: “No más venganza” y la bajada de la nota dice: “La elección de un nuevo gobierno es momento propicio para terminar con las mentiras sobre los años 70 y las actuales violaciones de los derechos humanos”.

Clarito, conciso y al pie. La independencia de los poderes, bien gracias. Ahora que ganó Macri, es hora que el poder judicial afloje, decía La Nación año y medio atrás.

Para este mismo diario el 11 de diciembre de 2015, había “dos cuestiones urgentes por resolver”: “Una es el vergonzoso padecimiento de condenados, procesados e incluso de sospechosos de la comisión de delitos cometidos durante los años de la represión subversiva y que se hallan en cárceles a pesar de su ancianidad.”. “En segundo lugar, de modo paralelo, han continuado actos de persecución contra magistrados judiciales en actividad o retiro.”

He aquí la postura de La Nación, no sorprende en absoluto. Salvo, quizás, por la rapidez de reflejos (no esperó ni que Macri se acomode en el sillón presidencial) y por el sincericidio, la honestidad brutal. Nada de rodeos. Querían a los genocidas libres.

En aquel momento fue tal el repudio que generó esta nota que los periodistas del diario salieron a despegarse de la línea editorial de la empresa.

El martes 2 de mayo de 2017 La Nación, en una nota, titula: “Hará el Episcopado inédito llamado a la reconciliación”. Y en la bajada: “Los obispos escucharán testimonios de víctimas de la violencia de los 70”.

El primer párrafo de la nota, y el único que leeremos dice: “El Episcopado comenzará hoy la primera asamblea plenaria del año, que se extenderá hasta el sábado, y entre los principales temas abordará el llamado a la reconciliación. En un hecho inédito, los obispos recibirán mañana el testimonio directo de familiares de desaparecidos y de víctimas de organizaciones guerrilleras.”

El miércoles 3 de mayo de 2017 la Corte Suprema de Justicia con mayoría de 3 a 2 aplicó la ley 24.390, conocida como “del dos por uno”, que se sancionó en 1994 y se derogó en 2001. Esta ley implicaba que cuando una persona estuviera presa más de dos años sin condena se le computaría doble cada día de prisión preventiva.

Mientras esa ley estuvo vigente, el represor Luis Muiña, un civil que formaba parte de la patota que operó en el centro clandestino que funcionó en el Hospital Posadas, y que fue el beneficiado con el fallo que firmó ayer la Corte Suprema, no estaba detenido, ni juzgado, ni condenado, ni nada.

¿Porqué no estaba detenido?

Porque desde 1987 al 2003 nuestro país vivió bajo una sombra de impunidad con las leyes de Punto Final y Obediencia Debida.

Además, señalaron Ricardo Lorenzetti y Juan Carlos Maqueda, los jueces de la Corte que votaron en contra, los crímenes de lesa humanidad son imprescriptibles y no se pueden amnistiar, lo que implica que las condenas tampoco se pueden reducir, porque eso implicaría una suerte de conmutación de la pena.

No nos vamos a adentrar en cuestiones jurídicas o técnicas en este momento.

Lo que sí queremos remarcar es la profunda relación entre los 3 hechos que marcamos. El 11 de diciembre La Nación, diario vocero del gobierno, pide/exige impunidad para los genocidas. El 2 de mayo el Episcopado pide reconciliación (entiéndase impunidad) escuchando a “víctimas de la violencia de los 70”. No dice terrorismo de Estado, no dice genocidio, no dice plan sistemático de tortura y exterminio, no. Dice violencia. El 3 de mayo, un día después del pedido de impunidad del Episcopado y un año y medio después del pedido de impunidad de La Nación, la Corte Suprema les cumple el sueño, y hace efectiva esa impunidad. En principio para un represor, pero dejando la puerta abierta para que todos los represores condenados en nuestro país pidan el mismo beneficio.

Alguien que recién aterriza en nuestro país y que no conoce nada de nuestra historia, de las alianzas históricas que se tejieron aquí, y de nuestra realidad política actual, podría acusar a esta editorial de conspirativa. De ver relaciones donde no las hay, de atar nudos donde ni siquiera hay hilo. Porque, ¿Qué tendrá que ver la editorial de un diario, con el ingenuo llamado a la reconciliación de la iglesia, con el fallo de una corte que casi suma a dos de sus miembros por decreto en una de las primeras acciones del gobierno macrista?

Al recién aterrizado se le puede explicar con facilidad la relación. Ni la corporación mediática que exige impunidad y olvido en sus tapas, ni la iglesia que llama reconciliación a la impunidad y al olvido, ni el poder político y económico que con la complicidad del poder judicial le garantiza impunidad a un represor y abre la puerta para garantizarle impunidad al resto, ninguno de ellos lo hace por razones puramente ideológicas.

Esta corporación mediática, los empresarios que hoy gobiernan, parte del poder judicial y la cúpula eclesiástica, exigen impunidad porque la impunidad es para ellos.

Ellos fueron el terrorismo de Estado. En nuestro país no hubiera habido golpe si no era con participación civil, militar, y eclesiástica. Porque el golpe fue civil. El plan económico que planifico miseria fue diseñado por civiles.

Y estos civiles hoy volvieron.

Hoy para imponer hambre y miseria, necesitan impunidad, silencio y olvido.

Decile reconciliación, decile justicia imparcial.

Nosotros no olvidamos, no perdonamos, no nos reconciliamos.

Seguimos exigiendo juicio y castigo. No queremos caminar al lado de los genocidas.

Seguimos gritando cárcel común, perpetua y efectiva para los victimarios. La víctima es el pueblo argentino.

 

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