El colectivo nos abraza, somos todas compañeras.

Por distintas cuadras nos íbamos encontrando mientras caminábamos hacia la concentración. Fácil reconocernos entre los autos que buscaban salidas a las calles cortadas, nuestros pañuelos y nuestras remeras con inscripciones nos invitaban a caminar juntas, porque si lo hacemos juntas nos sentimos mas seguras vió.

¿Vas a la marcha? ¿Podemos ir juntas? Me dijo Agostina a quién no conocía y con quién compartí el colectivo que nos bajó dónde pudo desviar.

Claro, vamos juntas, así es mejor ¿no?

Esto es un claro ejemplo de todos los días de nuestras vidas, el buscar una compañera que nos acompañe, el avisar dónde estamos a cada momento, el activar la ubicación real, el fijarnos la chapa del taxi, el pedir que nos busquen en la parada, el avisar cuándo llegamos.

Suena a una frase hecha, pero marzo lleva más femicidios que días. Así que señores, disculpen las molestias pero nos están matando.

Hace muchos días leo compañeras decir “Si no vuelvo quemen todo” y me da tanto miedo decirlo, porque sé que es muy posible, hoy en día, ser una más, una más de esta desidia total.

¿No nos creen? En las redes se viralizo una propuesta: escribí en google el nombre de tu amiga, compañera, vecina, madre, prima o hermana y acompáñalo de la palabra hallada, el resultado a la búsqueda no te sorprenderá.

Cambió el paradigma y el 8 de marzo ya no es igual, nos genera incomodidad cuando nos dicen feliz día ¿feliz día? Feliz sera cuando podamos vivir sin miedo, cuando saquen sus rosarios de nuestros ovarios.

La consigna evolucionó porque nosotras cambiamos, entendimos que no podemos decir ni una menos cuando mueren mujeres por abortos clandestinos, entendimos que la deuda es con nosotras y que el aborto debe ser legal, seguro y gratuito.

Que el camino lo abrieron las madres con el pañuelo blanco y nosotras, las nietas del pañuelo verde no vamos a claudicar.

Que no podemos decir ni una menos si no incluimos los 11 travesticidios  en lo que va de 2020 porque es hipócrita seguir diciendo ni una menos y no incluir todos los transfemicidios y travesticidios.

Seguimos avanzando pero también progresando y pertenecemos a una generación que entendió que la militancia es junto a tortas, trans, travas y no binaries.

Glitter, las tetas (que tanto asustan si no es en una publicidad) al aire, cantos, murga, carteles, banderas, juntas y organizadas.

Hombres hubo, a pesar de que pedimos y explicamos que no, que por un día no podían ir, ¿por qué no podemos ir si no todos somos iguales? Me preguntó alguien en redes, porque no Raúl, porque por un día les pedimos que no sean el centro de la atención, que nos dejen marchar solas, tranquilas, en nuestra compañía, porque hay mujeres victimas de abuso que van por el abrazo colectivo y no quieren verte aliadin.

Entre la multitud hubo un mensaje que se repitió, esta es nuestra pandemia, muchos están alarmados por el coronavirus pero los femicidios, transfemicidios y travesticidios nos están matando y no somos tapa.

Caminábamos inmersas en la marea, mirando todo a nuestro alrededor, las banderas, los colores, los carteles (cada uno con un mensaje imponente) y como una brisa la mirada se pierde y vuelca sobre esos tachos de basura enormes que dividen lo orgánico de lo que no, porque ahí es donde muchas veces nos arrojan, en la basura y pensar eso te paraliza.

La leyenda en el cartel que pegado en ese tacho decía #PorQuéNoDenuncié: y cada una explayó qué le pasó. Entonces, cuando alguien se anime a contar su experiencia no le preguntes porqué no denunció, no cuestiones.

Vuelvo a casa, le pregunto a Agostina si nos vemos de nuevo en el colectivo (Ella se encontró con sus amigas) me agradece y me dice que ya llegó. Le recuerdo que acá estoy, que tiene mi numero y me escriba para lo que haga falta.

Porque eso somos, somos compañeras, somos revolución, nos queremos vivas, libres y sin miedo.

Nosotras movemos el mundo.