Los nombres que nunca fueron tapa.

A pesar de los cambios sociales y de la enorme militancia de Ni Una Menos, las mujeres seguimos siendo objeto de estigma aún luego de ser asesinadas, mientras que a los femicidas y travesticidas se les sigue protegiendo la identidad.

A 5 años de «Ni una menos», se siguen tapando los nombres y las caras de los femicidas
de la misma manera que la justicia sigue protegiendo a estos asesinos. Este privilegio no
corre de la misma manera para las víctimas que son mostradas en primer plano,
acompañadas de un análisis elaborado sobre su vida privada y si hay, también, una foto del
cadáver encontrado en una bolsa o en un descampado. Pasan de ser una víctima de un
cruel asesinato a ser una construcción de una víctima cuya vida personal y su accionar
durante los momentos anteriores al hecho pasan a ser debatidos y cuestionados en la
sociedad que distorsionan la situación puntual de que hubo un asesinato y que debe haber
justicia.
Dentro de los casos más conocidos, podemos encontrar el de Melina Romero recordada
como «la joven abusada y tirada en una bolsa, quien no estudiaba ni trabajaba y le gustaba
salir de fiesta«. Daiana García, «encontrada muerta dentro de una bolsa después de haber
concurrido a una entrevista laboral de la que nunca volvió. Aparentemente para la entrevista
vestía un short«. Micaela Ortega «la niña de 12 años engañada por Facebook, fue
encontrada muerta en un descampado, después de concurrir sola a un encuentro con su
asesino pensando que era una niña de su misma edad«. Lucía Pérez «asesinada después
de haber sido empalada, había ido voluntariamente a la casa de sus asesinos. Tenía más
de 20 faltas en el colegio y consumía estupefacientes«. Chiara Páez «la adolescente que
con solo 14 años estaba embarazada y fue encontrada enterrada en el patio de la casa de
los abuelos del novio«.
A las víctimas se las condena por su apariencia, su entorno y su vida privada mientras
que de los asesinos no solo no hay ni una foto sino que, en muchos casos, ni siquiera se
los nombra. «La mató el esposo, la mató su ex novio, la mató su amante, la mató el padre
de sus hijos». La mató «alguien». Muy distinto es el caso de los travesticidios, a quienes no
se les alcanza a hacer ningún juicio de valor a las víctimas porque están invisibilizadas y
calladas.
No hay casi fotos de las caras de los asesinos circulando aunque ya estén condenados
judicialmente. Tampoco se puede encontrar ni un cuarto de los nombres de los
responsables de más de las 1200 víctimas desde 2015 hasta hoy, quienes son un peligro
para la sociedad y cada uno de ellos representa todo lo que queremos erradicar: lo que
denomino el «machismo estructural».
Tal vez podríamos empezar a publicar los rostros y nombres de los femicidas y
travesticidas como hizo el diario O globo en Brasil o The New York Times en Estados
Unidos hace unas semanas, y capaz que así, los jueces no se olviden, de vuelta, de la
enorme deuda que tienen con ellas y con nosotras, las mujeres.
Hace 5 años dijimos #Ninunamenos porque nacer mujer o ser travesti o transgénero no
puede ser un estigma y mucho menos una condena de muerte. Sin embargo, la protección
a los femicidas y trasvesticidas en la actualidad, es proporcional a la falta de respeto y
humillación que reciben las mujeres, incluso, luego de su muerte. Estos asesinos son

tapados en primer lugar por la sociedad, en segundo lugar por la mayoría de los medios y
en tercer lugar por la justicia.
Con un poder judicial que tapa a los femicidas, que la exposición y el repudio social sea
el único recurso que nos queda como sociedad, demuestra la decadencia estatal que se
sigue alzando sobre la estructura patriarcal que oprime nuestra libertad.

 

Artículo – Valentina Micca.

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