Un parto respetado no es un parto “casero”

Por Florencia Lavayen / Rompan Filas

El pasado 25 de julio salió a la luz el caso de una beba que murió en un parto domiciliario, en la provincia de Neuquén.

En el transcurso del embarazo, la pareja no realizó controles de rutina ni ecografías. Durante el trabajo de parto no hubo presencia de partera, ni obstetra. La situación se complicó porque la niña venía “de nalgas”;  la muerte fue por asfixia, y sus padres fueron imputados por homicidio culposo.

Es muy difícil emitir un juicio de valor cuando realmente uno no sabe a ciencia cierta lo que les pasó por la cabeza a esos papás, aunque lo primero que aparece es una pregunta: ¿por qué cada vez hay más familias que eligen partos domiciliarios?

Parir es un hecho fisiológico, y cuando se elige parir en casa, lo que se busca es que se respete este acto natural: que sea dentro de un ámbito donde la mujer pueda manifestarse con libertad, que sea íntimo, oscuro, cómodo, en compañía (o no), y que se respete el tiempo de cada mujer.

Pero lo que está ocurriendo es que la mayoría de las instituciones -clínicas y hospitales- no están escuchando estos pedidos. Y no sólo son demandas: son derechos de madre e hijo amparados por la Ley Nacional N° 25.929, de Parto Respetado o Humanizado.

La Ley expresa, entre otras cosas, que la mujer tiene derecho a parir en la posición que desea,  acompañada con quien quiera o necesite (su pareja, una doula, un familiar) y en el espacio o lugar físico que desee. Además, tiene derecho a recibir información sobre las prácticas que le quieran realizar, y puede elegir si quiere o no que se realicen dichas prácticas.

Esta normativa, que está en vigencia desde el año 2004 –aunque fue reglamentada recién en 2015- no se cumple en la gran mayoría de los centros de salud, y aunque muchas mujeres y familias exigen su cumplimiento, en el momento del parto, a la última palabra la sigue teniendo el médico/a.

Las denuncias por violencia obstétrica han crecido notablemente en los últimos años, y el sistema de salud lejos está de replantearse las prácticas que sostiene a la hora de asistir los nacimientos. Más aún, ante estos casos fatales, se vuelve a culpar a las mujeres, tildándolas de “caprichosas” por querer parir en sus casas, o “exageradas” por pedir que se cumplan sus derechos.

 

[Rompan filas: educación libre, parto respetado, infancia y más /

Con Gabriela Bernardis y Flor Lavayen. Martes a las 17, por Eterogenia]

 

 

 

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Contenido editado y publicado por Agustina Conci.

Foto: Natalia Roca / Dar a luz

29-07-2016