Víctimas colaterales del femicidio.

Los femicidios que ocurren en el país, dejan sin madre a cientos de hijos e hijas cada año.

Son las «víctimas colaterales» quienes lo vieron todo. Han sido testigos del sufrimiento de sus madres, en muchos casos, hasta sus últimos instantes de vida. Las han visto llorar golpeadas, ensangrentadas, desesperadas. Son quienes se han escondido debajo de cama o detrás de una puerta cuando empezaban los gritos. Son también, quienes han buscado ayuda con alguna vecina, amiga o familiar al encontrarlas tiradas en el suelo
desmayadas, apuñaladas, quemadas o asesinadas.
Desde 2008 hasta diciembre de 2019 se registraron, al menos, 3802 hijas e hijos que se quedaron sin su madre o huérfanos a causa de los femicidios, según el conteo realizado por la organización de La Casa Del Encuentro y los datos oficiales que ofrece la justicia nacional.

imagen de Cynthia Ferrer

En 2019, por lo menos 222 niños, niñas y adolescentes se encontraban a cargo de su madre, según los datos publicados por la Corte Suprema de Justicia de Argentina. Según los registros oficiales de la Corte Suprema de Justicia Argentina que abarca desde el año 2016 al 2019, más del 60% de los femicidios ocurrieron en la vivienda de la propia víctima registrándose en 2017 un pico que llegó a 71%. Entre el 59% (2017) y el 66%
(2019) de los casos, el femicida es la pareja o la ex pareja y en más del 42% de los femicidios, la víctima y el victimario convivían. En los últimos dos años, alrededor del 20% de los femicidas se suicidaron luego de cometer el asesinato. Estos datos demuestran que muchos de los femicidios pudieron haber sido cometidos en presencia de algunos de los hijos e hijas, quienes son denominados las «víctimas colaterales» del femicidio.

En Argentina, cada 26 horas alguien llora la muerte de su madre, y todas las noches alguien se duerme con el miedo de no saber si al despertar, la suya seguirá viva. A estos hijos e hijas de la violencia patriarcal les quitaron todo. Les arrebataron la vida a golpes y ni la condena más severa les compensará la tristeza y la bronca que llevan dentro. Estas «víctimas colaterales», se resignan a que el paso del tiempo les borre el recuerdo de su
madre, el sonido de la voz, del calor de sus manos o el color de sus ojos. Pero lo más importante, es que estos hijos e hijas son la voz que le quitaron a ellas y que gritan justicia todos los días.

Articulo: @valemicca

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