Crónicas cubanas. Por Mariano Pacheco, desde La Habana.

“Con pantalón largo, en la Conferencia en donde Cuba se dispone a defender su soberanía nacional”

“No hay por qué dejar los protocolos a un lado en el socialismo”… parece ser una consigna que le sienta bien al periodismo cubano. O tal vez sea así en todo el mundo y el carácter “cabeza” del cronista sea el que haga que no tenga en cuenta ciertos formalismos. La cuestión es que apenas pasaditas las 10.30 horas ya estaba en el Teatro Minrex, tal como me recomendó Graciela –mi contacto de Resumen Latinoamericano en Cuba–, carnet de periodista internacional en mano listo para acreditarme y participar de la Conferencia de Prensa que el Ministerio de Relaciones Exteriores convocó para las 11 horas. Incluso me demoré unos minutos, cambiando la malla azul que uso cada día como bermuda, para ponerme la de jean, y me saqué una de mis típicas remeras de Los Ramones para utilizar la única negra, lisa, que uso en ocasiones especiales. Pero no. No hubo caso.

¿A dónde va, señor?– escuché que decía alguien por ahí. Obviamente seguí subiendo la rampa de ingreso, un poco en el apuro, otro tanto porque evidentemente inconscientemente no suelo responder al llamado de “señor”. El hecho es que el joven mulato, uniforme verde, volvió a interceptarme –amable pero firmemente–, ya en la puerta de ingreso del lugar.

¿Señor, a dónde va?– Ahí reparé que el señor era yo, y que evidentemente algo andaba mal. Credencial en mano y no colgada, pensé por un instante, lo primero que hice fue identificarme.

Es que así no puede entrar a la cancillería—dijo mirando mis piernas.

La mujer que tenía la carpeta con hojas y lapicera en sus manos me dice que vaya por un pantalón largo y vuelva, que me apure, que en veinte minutos empieza la conferencia. Así que vuelta al hotel bajo el sol, a toda velocidad por “Avenida G” (como le dicen los locales a la Avenida de los Presidentes), rumbo a Avenida 23 para subir los tres pisos hasta la habitación N, ponerme el pantalón y retornar por Avenida G hacia el Malecón, ésta vez por suerte con camino en bajada.

De vuelta en la cancillería el muchacho de verde oliva me saluda amablemente, pero la mujer ya no está. En la recepción me dicen que está hablando el ministro y que no se puede interrumpir. Muerto de vergüenza por mi distracción, acalorado por la caminata, me dispongo a esperar en los sillones en donde me dijeron que me podía sentar. Estaba por sacar el libro de poesía cubana que me compré en la librería Centenario días atrás (“siempre hay que llevar un libro en la mochila”, es mi lema de cabecera, porque uno nunca sabe qué puede pasar en el andar, y cuando el destino deparará que uno se quedé un buen rato parado o sentado en algún lugar) cuando la mujer que tenía la carpeta con las hojas y la lapicera en la mano sale de una sala y me hace pasar. Entre las cámaras de televisión la veo, sonriente y espléndida como siempre que la he visto, a Yaimi –la fotógrafa cubana de Resumen Latinoamericano–, así que la saludo, atino a sacar mi libretita de Nietzsche para anotar pero recuerdo que hace unos días descubrí como tomar notas en el celular, así que empiezo rápidamente con mi apunte digital.

 

“PREVALECERÁ LA DEFENSA DE NUESTRA SOBERANÍA”

Quien habla en el Teatro Minrex es Bruno Rodriguez, ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, quien enfatiza que el país goza de una amplísima solidaridad mundial, producto de sesenta años de coherencia en su política exterior, mientras que la política de agresión sostenida por el gobierno norteamericano está aislada internacionalmente.

Ante las declaraciones guerreristas del gobierno de Estados Unidos de los últimos días, el gobierno cubano se vio obligado a emitir su voz, y a hacerlo con firmeza y claridad. Bruno Rodriguez recuerda que Cuba sostiene cooperación médica a 70 país y que cuenta con más 100 representantes extranjeros en La Habana, en un intento por desarmar el relato yanqui que –entre otras cuestiones—acusa a Cuba ser responsable por lo que pasa hoy en día en Venezuela, además de sostener que el país caribeño viola los derechos humanos, ataca al personal diplomático norteamericano y promueve conflictos regionales.

El ministro recuerda la región de América Latina y el caribe decidió hace unos años transformarse en zona de paz y advierte que hoy, la actitud de la Casa Blanca, pone en riesgo esa decisión.

En un intento por rebatir las hostilidades, Bruno Rodriguez repasa algunas cifras: 650.000 ciudadanos estadounidenses visitaron la isla, así como medio millón de residentes cubanos en Estado Unidos y advierte que los últimos anuncios de Donald Trump conculcan “la ya muy limitada libertad de viajar a Cuba”. También advierte que el anuncio que se propone limitar también el envío de remesas a Cuba no solo lastima la situación económica de muchas familias cuentapropistas sino que lesiona la libertad y el derecho de poder ayudar a sus familiares o personas conocidas. “Las medidas anunciadas castigan a todas las cubanas y cubanos y a todas las personas estadounidenses de buen corazón”, subrayó, no sin dejar de llamar la atención acerca del hecho de que las familias cubanas residentes en estados Unidos pasen a ser rehenes de las internas intestinas entre demócratas y republicanos”.

Respecto de esta especie de “retorno a la era del hielo”, el ministro sostuvo: “No moverán un ápice la voluntad de resistencia del pueblo cubano, ni podrán derrocar a la revolución para manejar al país”.

Por último, Bruno Rodriguez convocó a intelectuales, artistitas, académicos, movimientos sociales y políticos de todo tipo a solidarizarse con Cuba, como el país lo ha hecho por sesenta años como rasgo distintivo de su humanismo revolucionario.

Ante la agresión contra una pequeña isla sostenida por quienes fueron caracterizados como una potencia imperial, el ministro de Relaciones Exteriores advirtió que Cuba, guiada por la unidad y el valor de su pueblo, y por el simbolismo de su historia, confía en que nuevamente se imponga la verdad, y la justicia.

 

Por Mariano Pacheco, desde La Habana

para Resumen Latinoamericano

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